La Coma: mucho más que violencia y pobreza

La Coma: mucho más que violencia y pobreza

La Coma es uno de los barrios más renombrados de Paterna, pero su fama siempre va ligada a un extenso historial de violencia y la exaltación de la pobreza que se vive en sus calles. Los vecinos reconocen estar “hartos” de esta situación, y reclaman reformas urgentes y en profundidad para cambiar la imagen del barrio y, sobre todo, mejorar su calidad de vida

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La Coma es uno de los barrios más renombrados de Paterna, aunque su fama no siempre va ligada a las noticias más favorables. Muy al contrario, el distrito tiende a ser considerado como un foco continuo de terror y violencia, donde los crímenes se suceden con mayor frecuencia que en cualquier otro rincón del municipio.
Los medios de comunicación y conversaciones de a pie tan solo hacen referencia a este barrio para resaltar su precaria situación, sus carencias y los altercados que encuentran allí su escenario perfecto. Sin embargo, muy pocas veces se analiza cuál es el origen de todos estos problemas y, mucho más importante, cuáles son las soluciones que podrían atajarlos.
Los vecinos de La Coma reconocen estar “hartos” de que su nombre siempre vaya ligado a la pobreza y a la actividad criminal. Por ello, piden actuaciones muy concretas que puedan mejorar de una vez por todas la situación de la barriada y, con ello, su propia calidad de vida.

Un conflicto que empieza en la infancia

Los habitantes del barrio de La Coma son muy tajantes a la hora de señalar cuál es el principal problema del barrio: una educación deficiente. Y es que, la infancia es la base sobre la que se construye el resto de la experiencia vital. Si los cimientos fallan, luego es prácticamente imposible corregir los errores derivados.
“Nuestros niños no tienen nivel para nada” se quejan los padres. “Van al colegio con quinientos folios y dos lápices, nada más. El nivel no tiene nada que ver con los de los colegios del casco urbano. Tanto es así que a veces incluso te encuentras con niños de diez años que todavía no saben leer” atajan.
“En Primaria no adquieren los conocimientos básicos para seguir con su formación y, al final, llegan a ESO con un nivel tan inferior que se frustran y lo dejan”, explican los afectados. Así es como da comienzo la espiral de de la desventura, de la escasez y de la pobreza. Un círculo vicioso del que es prácticamente imposible escapar, y que condena a los jóvenes a una vida de escasas o nulas oportunidades.
« En Primaria, los niños no adquieren los conocimientos necesarios para continuar con su formación. Luego llegan a la ESO con un un nivel muy inferior, así que se frustran y lo dejan. »
Una de las causas que mejor explica el por qué de esta situación es, según los padres, la cantidad de conflictos que se suceden en los colegios. “Los profesores se excusan diciendo que no pueden enseñar correctamente porque pasan más tiempo resolviendo problemas que ejerciendo la docencia” relatan “pero es que esa no es su labor. Su labor es educar y, si hay niños que tienen problemas particulares, son los servicios sociales y las instituciones las que deberían hacerse cargo e intervenir. No el colegio” aseveran.
Precisamente por ello, algunos padres de La Coma han puesto en marcha un proyecto para introducir dos educadores sociales en los colegios del barrio. Su labor se limitaría a estar en los centros durante las horas de clase, con el objetivo de resolver los conflictos que puedan originarse en ellos. Desde problemas entre alumnos, hasta circunstancias intrafamiliares que merman la capacidad de aprendizaje de los niños.
“Creemos que este proyecto puede ser muy favorable para los niños porque con los asistentes tendrán mucha más confianza que con los profesores. Quieras o no, con ellos hablarán de una manera diferente” explican. “Con los asistentes no tendrán problemas para contarles cómo están o si tienen algún problema en sus casas. Además, eso diversificará las tareas y permitirá a los profesores centrarse mejor en la enseñanza” concluyen.
Sin embargo, implantar un proyecto de estas características no va a ser tan sencillo. Por el momento, el coste está tasado en alrededor de 35.000 euros al año. Dinero que ninguna institución ha querido subvencionar hasta la fecha. “Nos gustaría que el Ayuntamiento de Paterna diera la cara y nos ayudara con ello” comentan. “Hemos intentado llevarles el borrador pero no nos han hecho mucho caso. Creemos que ellos podrían ayudarnos a tramitar todo esto ante la Conselleria de Educación, que es la que tiene que dar el visto bueno. Y, en caso de que la Generalitat no pueda pagar el coste al completo, el Ayuntamiento podría llegar a acuerdos para cofinanciarlo” concluyen.
« “Los profesores se excusan diciendo que pasan más tiempo resolviendo conflictos que dando clase, pero es que ese no es su trabajo” denuncian los padres. Por eso, algunos de ellos han ideado un proyecto que consiste en introducir dos educadores sociales en los centros, para que sean ellos los que resuelvan los problemas. »
Además, también resaltan la importancia del factor racial y cultural dentro de los propios colegios. “En nuestro barrio, el 90% de los alumnos son gitanos. Sin embargo, luego no ves un solo gitano trabajando en el centro” explican los padres. “Muchas veces se culpa a los alumnos y a las familias del fracaso escolar, pero creemos que los profesores también tienen mucho que aprender. Entendemos que no lo hacen con mala intención, pero muchas cosas no pasarían si de vez en cuando nos escuchasen” rematan al respecto.

Sin oportunidades de futuro para los jóvenes

El problema de la educación en la infancia se traduce en una grave falta de oportunidades durante la adolescencia y la juventud.
“En el año 2010 se quitó el proyecto ÍTACA, que ofrecía cursos de formación para los jóvenes” denuncian. “Y, desde entonces, el barrio ha estado totalmente abandonado por parte de las instituciones”. “En cuanto el Secretariado del Pueblo Gitano entró en La Coma, se quitaron el resto de ayudas” continúan. “A ellos les han dado 400.000 euros para un proyecto de formación al que solo pueden acceder 25 niños. Pensamos que si hay tanto dinero para eso, también debería haberlo para otras cosas que ayudarán a mucha más gente” atajan.
Dada la pésima situación educativa que se vive en el barrio, los vecinos piden que se vuelvan a implantar estos cursos de formación para jóvenes. “Lo ideal en La Coma sería reformar el sistema educativo para que los niños tengan más oportunidades” reclaman. “Pero en el caso de los adolescentes que ya no tienen la posibilidad de volver al colegio, al menos se les podrían dar otras salidas. Pensamos que los cursos de formación podrían ser muy útiles. De jardinería, de electrónica, de mecánica… Lo que sea. Luego, a través de esos estudios, podrían hacer prácticas remuneradas que les abran el mercado laboral. Por ejemplo, Paterna tiene una empresa pública que es GESPA. Ahí podrían colocarlos durante un tiempo para que desempeñen su labor y, si no los pueden coger permanentemente, pues al menos ya tienen currículum”.
« El estigma de vivir en La Coma también frustra los intentos de los jóvenes a la hora de acceder a un trabajo, ya que el barrio despierta desconfianza. »
Además, al problema de las carencias educativas se le suma un estigma que persigue a la gente de La Coma allá donde quiera que vaya: la gitanofobia. “Los jóvenes, hoy por hoy, ya tienen de por sí muy pocas probabilidades de optar a un trabajo por culpa de su escasa formación” detallan. “Pero es que a eso le sumas que, cuando por fin consiguen acceder a una entrevista de trabajo, ven en el DNI que son de La Coma y no los contratan” se quejan los vecinos.
En lo que tiene que ver con el tiempo libre, La Coma tampoco ofrece espacios de ocio saludable para la gente joven. “Siempre se dice que los adolescentes de La Coma se pasan el día en los parques y tal, pero es que qué otra cosa van a hacer. En La Coma no hay ningún espacio de ocio para ellos. No tienen absolutamente nada que hacer. A eso le sumas que muchos de ellos tampoco tienen oportunidades ni de estudio ni de trabajo, y volvemos otra vez al círculo vicioso” zanjan al respecto. “Por todo ello, pensamos que los cursos de formación serían una salida muy efectiva. No solo llenas su tiempo libre con algo saludable y bueno que hacer, sino que además les das una oportunidad de futuro”.

Solución: mejor educación e intervención institucional

La reforma del sistema educativo y la mejora de la oferta académica para los niños y los adolescentes de La Coma es una necesidad obvia. Sin embargo, no es lo único que reclaman los vecinos. Ante la escalada de violencia que el barrio ha experimentado en los últimos años, sus habitantes demandan un mayor control por parte de las instituciones. Y todo ello empieza, por supuesto, desde el Ayuntamiento de Paterna. “Nunca viene nadie a preguntarnos qué queremos o qué necesitamos” relatan “pero luego tenemos que ver cómo en el resto de barrios eso sí que se hace. Creemos que pedirnos nuestra opinión, la de la gente que vive aquí, es esencial si se quiere solucionar algo”.
« “Queremos que las instituciones se involucren. Queremos recuperar nuestro barrio y que nuestros jóvenes tengan una oportunidad de futuro”. »
“Ahora mismo, en La Coma, tenemos tan solo los servicios sociales básicos, una tarje Consum que no soluciona la vida a casi nadie y alguna que otra ayuda de emergencia. Pero ya está” continúan. “Todas esas cosas no solo no nos ayudan, sino que además fomentan la pobreza. Lo que necesitamos son medidas integrales, pero para eso hay que tener mucha voluntad y muchas ganas, cosa que no percibimos por el momento” denuncian.
En un intento de captar la atención de las instituciones, los vecinos de La Coma invitaron al barrio a diversas personalidades públicas. El diputado Ismael Cortés o la periodista especializada en asuntos romaníes Marietta Herfort fueron algunos de los muchos nombres que pisaron el barrio, con la intención de conocerlo mejor y ofrecer soluciones. Sin embargo, el foco público no se interesó por ellos.
“No nos hacen caso porque saben que no tenemos fuerza” reflexionan los vecinos. “Pedimos reuniones y llevamos más de un año esperando a que se celebren. A veces, parece que a alguien le interesa que solo se hable de La Coma para decir que se vende droga y se mata gente. Pero luego, a la hora de la verdad, no hay verdadero ímpetu para hacer que algo cambie. Vivimos en la ciudad sin ley y es como que a todo el mundo le da igual”, concluyen.
“La Coma lleva desde hace diez años en caída libre. Todo lo que cambia, cambia a peor” relatan. “Queremos ver cómo las instituciones se involucran, queremos recuperar nuestro barrio y queremos que nuestros jóvenes tengan una oportunidad de futuro. Necesitamos cerrar de una vez por todas este círculo, y eso comienza en la educación y el compromiso”.

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