Temps de Festa abrió una nueva ventana dentro de su recorrido festivo con una fórmula diferente: sentar ante el micrófono a nuevos presidentes falleros para conocer no solo cómo llegan al cargo, sino también qué ideas quieren impulsar en sus comisiones. En esta ocasión participaron Felipe López, nuevo presidente de la Falla San Roque, y Víctor Camacho y Ángel Borrego, copresidentes de la Falla Campamento.
Los tres coincidieron en una idea: nadie llega a la presidencia por impulso. Detrás hay años de falla, conversaciones en casa y una decisión que requiere asumir tiempo, responsabilidad y una gran dosis de compromiso. Felipe reconocía que llevaba tiempo esperando el momento adecuado y que este año entendió que había llegado el momento de dar el paso. En Campamento, la historia fue diferente: Víctor llevaba años contemplándolo y Ángel terminó aceptando por un motivo muy personal: compartir la experiencia con su hijo, actual presidente infantil. “Más ilusión que hacerlo con tu hijo creo que no hay nada”, resumía durante la tertulia.
Pero la conversación pronto dejó de ser una entrevista de presentación para convertirse en una reflexión sobre el presente de las fallas. Ambos proyectos coinciden en una idea clara: continuidad sí, pero con evolución. No se trata de cambiar por cambiar, sino de introducir mejoras manteniendo aquello que ya funciona.
En el caso de San Roque, Felipe López avanzó una de las propuestas más llamativas del programa: avanzar hacia la desaparición progresiva del dinero físico dentro de la comisión. Una idea basada en sistemas digitales y pagos electrónicos para reducir riesgos, mejorar el control y facilitar la gestión. “Cuando quitamos el dinero de la ecuación, quitamos problemas”, defendía, planteando una línea de modernización que ya se está aplicando en otros ámbitos festivos.
La entrevista también dejó uno de los debates más interesantes sobre el futuro del mundo fallero: el papel del monumento frente al modelo social de comisión. Felipe lanzó una reflexión que abrió conversación en el estudio: la necesidad de seguir apostando por la falla como elemento diferenciador y mantener el peso del monumento dentro de la identidad fallera. Una mirada que conectó con otra idea repetida durante toda la charla: hacer del casal un espacio vivo durante todo el año.
“Quiero un casal vivo”, defendía el presidente de San Roque, recordando el modelo de convivencia que él mismo vivió como fallero y que quiere recuperar para nuevas generaciones. Una visión que encontró eco en Campamento, donde reivindicaron precisamente ese espíritu de casal abierto y ambiente constante como una de las señas de identidad de su comisión.
También hubo espacio para hablar de gestión y estructura interna. Desde el papel de los vicepresidentes hasta la importancia de apoyarse en equipos consolidados, los nuevos presidentes dejaron claro que hoy dirigir una falla se parece cada vez más a coordinar una pequeña organización: presupuestos, equipos humanos, programación y planificación.
Uno de los momentos más interesantes llegó al hablar de Junta Local Fallera. Lejos de la crítica fácil, los invitados pusieron en valor el trabajo que existe detrás de la coordinación conjunta entre comisiones, aunque también defendieron seguir mejorando espacios de trabajo y reuniones para hacerlos cada vez más útiles y participativos.
La conversación dejó una conclusión muy clara: las nuevas presidencias llegan con ilusión, pero también con una mirada realista. Más tecnología, más participación, más casal y más identidad fallera. Un relevo que no busca romper con el pasado, sino construir sobre todo lo que ya funciona.