La sección Temps de Festa recibió esta semana a dos representantes de Quasipenya para hablar de uno de los momentos más importantes que ha vivido recientemente la entidad: la inauguración de su nueva sede festiva. En el estudio participaron su presidenta, Valentina Roz, y Luís Tomás López, en una conversación que dejó mucho más que una presentación de instalaciones: una historia de implicación, adaptación y construcción colectiva.
Después de más de una década en su anterior sede, el cambio llegó por necesidad. La finalización del contrato obligó a buscar un nuevo espacio y abrir una etapa completamente distinta para una peña acostumbrada a vivir la fiesta desde un entorno que ya sentían como propio. “Nos dijeron que teníamos que marcharnos y empezamos a buscar”, resumían durante la entrevista. Lo que parecía un problema terminó convirtiéndose en una oportunidad para crecer.
Encontrar el lugar adecuado no fue sencillo. La búsqueda se prolongó durante cerca de un año y tenía que cumplir varias condiciones: ubicación céntrica, capacidad suficiente para mantener el censo y un precio asumible para la entidad. Finalmente apareció el espacio elegido, en Conde Montornés, una zona que muchos ya consideran uno de los grandes puntos de encuentro festivos de Paterna.
Pero encontrar el local solo fue el principio. La transformación del espacio se convirtió en uno de esos proyectos que terminan definiendo a una asociación. El nuevo local era un antiguo taller y hubo que adaptarlo prácticamente desde cero. Sin grandes obras externas ni equipos especializados. Solo tiempo, organización y muchas horas de dedicación.
“No somos albañiles, pero podemos hacerlo”, resumían entre risas durante la entrevista. Y así fue: fines de semana, horas quitadas a la familia, favores y mucha implicación permitieron convertir un espacio industrial en una sede totalmente personalizada y pensada para la vida diaria de la peña.
El resultado ha generado orgullo entre quienes lo han vivido desde dentro. Durante la inauguración, celebrada hace apenas unos días, uno de los momentos más comentados fue precisamente el vídeo que mostraba el antes y el después del local. Una transformación que sorprendió incluso a quienes habían seguido el proceso desde cerca.
Más allá del espacio físico, la conversación dejó una reflexión interesante sobre el papel que tienen hoy las sedes festeras dentro de los barrios. Desde Quasipenya defendieron que peñas, comparsas y fallas no solo generan actividad durante las fiestas, sino que mantienen vida social durante todo el año. Una idea que conectó con otro mensaje repetido durante toda la entrevista: fiesta sí, pero desde la convivencia y el respeto al entorno.
En ese sentido, explicaron que uno de los primeros pasos tras instalarse fue presentarse personalmente a los vecinos y trasladarles su voluntad de mantener una buena convivencia. “Somos conscientes de que ahora tenemos vecinos arriba y tenemos que adaptarnos”, señalaban.
La entrevista también permitió poner cifras sobre la mesa y recordar algo que muchas veces pasa desapercibido: detrás de cada acto hay una importante inversión económica realizada por las propias entidades. Solo su tirada del lunes de fiestas rondará este año los 9.000 euros, una cifra que refleja el esfuerzo que hay detrás de mantener viva una tradición vinculada al fuego y a la cultura festiva de Paterna.
Y entre obras, pólvora y organización apareció una sorpresa inesperada: Quasipenya ya tiene himno propio. Una iniciativa nacida para acompañar la inauguración y que demuestra que la nueva sede no es solo un cambio de local, sino una nueva etapa con identidad propia.