La ciudad de Paterna llora la pérdida de Fernando Gómez Hernández, una persona profundamente querida y respetada que deja una huella imborrable en el tejido festivo, deportivo y social del municipio. Su marcha ha provocado una enorme conmoción entre familiares, amigos y vecinos que durante años compartieron con él innumerables momentos y proyectos.
Fernando fue uno de esos vecinos que hicieron de la cercanía, la amistad y la generosidad una forma de vida. Siempre dispuesto a ayudar, a compartir una conversación o a abrir las puertas de su mesa a quien lo necesitara, se ganó el cariño de varias generaciones de paterneros.
Su nombre quedará ligado para siempre a la Comparsa Alhama, entidad histórica y fundadora de las Fiestas de Moros y Cristianos de Paterna. Durante décadas participó activamente en la vida de la comparsa, donde desempeñó diferentes responsabilidades y llegó a ocupar la presidencia. Su compromiso, dedicación y amor por la entidad fueron reconocidos con la distinción de Alhama de Oro, uno de los mayores reconocimientos que concede la comparsa a quienes han contribuido de manera destacada a su crecimiento y consolidación.
Quienes compartieron con él la vida festiva recuerdan a un hombre abierto, cercano y profundamente implicado. Era de esas personas capaces de hacer sentir bienvenido a cualquiera desde el primer momento. Siempre encontraba tiempo para colaborar, organizar, proponer y trabajar por aquello en lo que creía. Su papel fue fundamental en una etapa de renovación de la comparsa, contribuyendo junto a otros compañeros a impulsar la incorporación de nuevas generaciones y a fortalecer el proyecto festivo de Alhama.
Pero su huella también quedó marcada en el deporte local. Vinculado durante muchos años al Paterna Club de Fútbol, comenzó acompañando a su hijo en las categorías inferiores y terminó convirtiéndose en una figura imprescindible dentro de la entidad. Fue delegado de equipos de cantera y posteriormente del primer equipo, donde destacó por su compromiso, responsabilidad y cercanía con jugadores, entrenadores y aficionados.
Muchos jóvenes que crecieron alrededor del fútbol local encontraron en Fernando una figura de referencia. Su carácter afable, su capacidad para escuchar y su permanente disposición para ayudar hicieron que se ganara el respeto y el afecto de todos cuantos compartieron con él vestuario, entrenamientos o tardes de fútbol.
En el ámbito profesional también fue una persona muy conocida. Durante años desarrolló su labor como conserje y responsable de mantenimiento en el Liceo Hispano, donde se convirtió en una de las caras más reconocibles del centro. Alumnos, profesores y familias encontraron en él a una persona siempre disponible, amable y resolutiva, capaz de atender cualquier necesidad con una sonrisa.
Sin embargo, quienes mejor lo conocieron coinciden en que su principal legado no se encuentra en los cargos que ocupó ni en los reconocimientos que recibió, sino en su calidad humana. Fernando era, ante todo, una buena persona. Un amigo leal, un compañero generoso y alguien que entendía la vida desde la amistad, la empatía y el compromiso con los demás.
Hoy Paterna despide a uno de esos vecinos que dejan una huella difícil de borrar. De los que construyen comunidad sin buscar protagonismo. De los que hacen mejores a quienes tienen alrededor simplemente con su manera de ser.
Su recuerdo permanecerá vivo en cada fiesta, en cada encuentro entre amigos, en cada partido de fútbol y en todos aquellos rincones de la ciudad donde dejó parte de su tiempo, de su esfuerzo y de su corazón.