El programa Barra Libre ha puesto el foco esta semana en uno de los eventos más potentes de la cultura urbana en España: Rocanrola. Para ello, los micrófonos se han abierto a Jorge Villar, uno de los responsables del festival, que ha desgranado el presente y el futuro de una cita que ya es referencia absoluta del hip hop nacional.
Del 30 de abril al 2 de mayo, Alicante volverá a convertirse en el epicentro del género con un festival que, además, llega con más ganas que nunca tras el aplazamiento anterior por causas meteorológicas. “La gente se quedó con ganas y eso se nota”, explica Villar, que confirma también la incorporación de nuevas sorpresas al cartel para reforzar la propuesta.
Uno de los pilares de Rocanrola es su identidad clara: un festival 100% hip hop. Lejos de mezclar estilos, la organización apuesta por ofrecer una experiencia completa dentro del género, combinando grandes nombres actuales con artistas clásicos. “Es un recorrido por la historia del hip hop en España”, resume Villar, destacando que el objetivo es atraer tanto a público veterano como a nuevas generaciones.
Pero Rocanrola va mucho más allá de los conciertos. El festival se ha consolidado como una auténtica ciudad de cultura urbana, con múltiples espacios y actividades paralelas. El conocido Living Park reúne disciplinas como baloncesto, skate, graffiti o baile urbano, además de dar visibilidad a artistas emergentes. Este año, además, se refuerza con nuevas propuestas como exhibiciones de Red Bull Batalla y un espacio dedicado al techno nocturno.
El apoyo al talento joven es otro de los ejes clave. Más de 200 artistas participaron en los procesos de selección para actuar en el festival, de los que finalmente algunos tendrán su oportunidad sobre el escenario. “Hay muchísimo talento por descubrir”, afirma Villar, convencido de que Rocanrola puede ser una plataforma real de crecimiento.
En cuanto a la experiencia del público, la organización pone el foco en los detalles: minimizar colas, ofrecer zonas de descanso, fuentes de agua gratuita o transporte nocturno para facilitar la movilidad. Todo con un objetivo claro: que el asistente no solo vaya a ver conciertos, sino que viva una experiencia completa.
A nivel de concepto, Villar lo tiene claro: Rocanrola no busca crecer sin control, sino mejorar cada año. “No queremos ser un festival masificado, queremos que la gente esté cómoda”, explica. Una filosofía que apuesta por la calidad frente a la cantidad y por mantener una comunidad fiel que repite edición tras edición.
Y es precisamente esa comunidad uno de los grandes logros del festival. Desde jóvenes que descubren el hip hop por primera vez hasta seguidores veteranos, Rocanrola ha conseguido crear un ambiente que mezcla generaciones y estilos con naturalidad.
Porque, más allá de cifras o nombres, Rocanrola se ha convertido en algo más: un punto de encuentro para una cultura que sigue creciendo desde la base.