Emitimos nuestro programa desde la emblemática Plaza de España en Sevilla, un lugar lleno de historia que esta vez fue el escenario para conocer de cerca la trayectoria de Javi Mejías, un DJ sevillano con casi 16 años de experiencia en el mundo de la música. Nos habló de forma cercana, auténtica, como quien lleva toda la vida sobre los escenarios y sigue sintiendo cada evento como el primero.
Acaba de cerrar una intensa semana de Feria, trabajando de lunes a domingo, y recorriendo casetas tan señaladas como la de “La Pareja”, donde pinchan solo para socios de la Guardia Civil e invitados. Ha pasado por Madrid, Canarias, Extremadura, Ciudad Real, Puertollano… pero reconoce que todo empezó de forma humilde, cuando se presentó a pinchar gratis en una cafetería de su pueblo que se transformaba en discoteca los fines de semana. Poco a poco fue ganándose al público y, con él, el respeto de los dueños. Hoy, sigue trabajando con aquel primer empresario que le dio la oportunidad.
Su historia no es la de un DJ al uso. Nació con una importante pérdida de audición –85% en el oído izquierdo y problemas también en el derecho–, pero eso no le impidió desarrollar una sensibilidad especial para la música. Empezó tocando la caja flamenca, luego la batería, formó parte de una banda de música religiosa, pasó por el conservatorio y finalmente encontró en el mundo del DJ una forma de unir percusión y tecnología. El detonante fue la muerte de su bisabuela, a la que consideraba como una madre. A los 14 años, durante el duelo, descubrió Virtual DJ y comenzó a experimentar con sonidos y mezclas.
Mejías reconoce que el camino ha sido autodidacta, aprendiendo de la calle, de cada sala en la que ha trabajado. Valora la profesionalidad que ha encontrado en Madrid, donde los eventos están más estructurados y cada técnico cumple una función específica. En Sevilla, sin embargo, destaca salas como “La Oco”, que considera una de las más completas a nivel técnico y de ambiente.
Sobre estilos musicales, se adapta al público. Desde techno y EDM hasta flamenco y pop comercial en bodas y fiestas privadas. De hecho, ya tiene cerradas 42 bodas para el año que viene. Asegura que lo más importante para un DJ no es solo la técnica, sino la psicología: saber leer a la gente, utilizar bien el micrófono y mantener la energía en el ambiente. Esa habilidad, dice, es la que muchas veces evita peleas y mantiene el buen clima en la pista.
También habló de sus proyectos más visuales y experimentales. Está desarrollando una propuesta que combina percusión digital y acústica, con tambores que iluminan el agua al ritmo de la música. En este punto, no dudó en confesar uno de sus grandes deseos: presentar este nuevo proyecto en Valencia, y más concretamente en la sala MYA, un referente nacional del ocio nocturno. “Me encantaría pinchar allí”, dijo con una mezcla de emoción y ambición.
Aunque nunca ha participado en festivales de renombre, asegura que le gusta más pinchar en pueblos pequeños, donde el trato es más directo y personal. Este verano se presenta intenso, con eventos privados en la costa andaluza y actuaciones en recintos como el estadio del Betis y próximamente el campo de fútbol del Málaga.
Como consejo para los que empiezan, lo tiene claro: hay que luchar por lo que uno quiere, incluso si al principio toca hacerlo gratis. “Ahí es donde se gana experiencia”, afirma. La producción musical le cuesta más, por su audición, pero no tira la toalla. Sabe que el ritmo no solo se escucha, también se siente.
La pandemia fue, en sus palabras, “lo peor de su vida”. Le pilló en plena boda, y los meses siguientes fueron duros, con las discotecas cerradas. Pero logró salir adelante, como siempre lo ha hecho: trabajando, con humildad, y mucha pasión.