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Sol Mayordomo: «Todos tenemos una marca personal, aunque no seamos conscientes de ello»

La especialista en imagen y marca defiende el autoconocimiento, la autenticidad y la coherencia como claves para convertir la presencia personal en un activo estratégico

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La imagen que proyectamos habla antes de que pronunciemos una sola palabra. Con esta premisa, Sol Mayordomo, especialista en imagen, marca y estilismo, pasó por Territorio Empresarial para explicar por qué la presencia personal puede convertirse en una poderosa herramienta profesional. Su trabajo parte de una idea fundamental: antes de decidir cómo vestir hay que saber quiénes somos, cómo queremos ser percibidos y ante qué público queremos posicionarnos.

Por eso, Mayordomo comienza sus procesos con un briefing que va mucho más allá de abrir el armario. Analiza los valores de la persona, los atributos de su marca, el público al que se dirige y la percepción que quiere generar. A partir de ahí se construye una imagen coherente con sus objetivos. “No se trata de disfrazar a la gente”, explicó, sino de conseguir que aquello que una persona es y aquello que los demás perciben estén lo más alineados posible.
Esa coherencia cobra especial importancia entre empresarios, profesionales independientes o perfiles comerciales que mantienen un contacto permanente con clientes. La imagen, el estilo, los colores, el tono de comunicación o incluso la repetición de determinados elementos pueden ayudar a consolidar una marca reconocible. “La imagen es el centro de la estrategia de visibilidad de una marca”, señaló Mayordomo, quien advierte de que una exposición constante en redes o eventos también puede perjudicar el posicionamiento cuando lo que proyectamos no coincide con aquello que queremos representar.
La especialista trasladó esta reflexión también al ámbito corporativo. Cada trabajador es, de alguna manera, embajador de la organización para la que trabaja, especialmente aquellos que mantienen contacto con clientes. Esto no significa imponer necesariamente un uniforme, sino establecer una coherencia entre la identidad de la compañía, su sector, el público al que se dirige y el estilo de las personas que la representan. La ropa corporativa, los códigos de vestimenta y la propia imagen de los equipos pueden convertirse así en herramientas para reforzar cultura y marca.
Mayordomo cerró además con una reflexión aplicable más allá del terreno profesional: tener más ropa no significa vestir mejor. El consumo impulsivo y la falta de conocimiento sobre el propio estilo explican, en muchas ocasiones, por qué podemos tener un armario lleno y seguir pensando que no tenemos nada que ponernos. “Los vacíos del ser no se llenan con el tener”, afirmó. De ahí que su propuesta no pase por acumular prendas, sino por conocerse mejor y aprender a construir una imagen auténtica, atractiva y coherente con quiénes somos.