Ruth Gómez González siempre ha sentido que la pólvora, la música y el color de las fiestas corrían por sus venas. No podía ser de otra manera: su madre fue fundadora, en el año 2000, de la comparsa cristiana Bandoleres i Trabuquers. Aquella aventura festera, que comenzó con ilusión y fuerza, se fue apagando en 2014. Desde entonces, la comparsa quedó en una especie de letargo. Ruth lo vivió como una espinita clavada, una ilusión pendiente que, tarde o temprano, debía retomar.
Durante años participó en desfiles junto a sus hijos y, además, mantuvo un fuerte vínculo fallero que la mantuvo pegada a la vida festiva del pueblo. En 2023, con la idea ya madura, empezó a mover hilos: primeras reuniones en parques y bares, llamadas, mensajes, amigos que traían a amigos. Aquel año “disfrutaron la fiesta desde la sombra”: había ganas, pero la burocracia se cruzó por el camino y no llegaron a entregar los papeles a tiempo. No se rindieron. En 2024, con toda la documentación en regla, por fin volverán a desfilar. Y lo harán por la puerta grande: en su primer año como miembros de la Federación de Intercomparsas de Patena.
El camino no ha sido sencillo. Hubo que rebuscar en archivos, ir y venir a Hacienda y a la administración autonómica. Descubrieron incluso que la antigua comparsa nunca llegó a darse de baja oficialmente; un giro inesperado que, lejos de facilitarlo, les puso más obstáculos en el camino. En todo momento contaron con el respaldo de la presidenta de Intercomparsas, María Ángeles Salvador, y con una acogida cálida por parte de la federación y del resto de comparsas de Paterna.
Hoy Bandoleres i Trabuquers suma alrededor de 45 integrantes entre familiares y amistades, con una directiva de siete personas muy comprometidas. La comparsa es mixta desde sus orígenes, y estos días ha llegado a su grupo una foto entrañable: una fundadora de los años setenta, memoria viva de una tradición que vuelve. Ensayan los viernes y los domingos en el colegio Jaime I, organizados en cinco filadas —tres femeninas y dos masculinas—, con la mente puesta en disfrutar y en asegurar continuidad. Ruth lo dice claro: “Quiero que mis hijos crezcan aquí y cojan el relevo”.
La sede en la calle Salvador Ferrandis Luna bulle de vida: almuerzos, reuniones, comidas y cenas. También actividades abiertas que ayudan a sumar complicidades. En julio organizaron un campeonato de truc y, esa misma noche, una Fiesta Joven que “no salió nada mal”, pese a coincidir con el día de la elección de la Fallera Mayor. Este año repetirán el 22 de agosto con Mauri DJ. En los actos de Intercomparsas se han sentido como en casa: disfrutaron del Mig Any, ese punto medio de la fiesta que les encantó por su ambiente cercano; participaron también en la Cena de Gala, que sorprendió a Ruth por su aire casi cinematográfico. En ambos días hicieron comidas y cenas por su cuenta, salvo el domingo, cuando la federación ofrece su comida de arròs amb fesols i naps. Todo con una cuota asequible para que nadie se quede fuera.
Más allá de Paterna, la comparsa ha tejido hermandad con los Contrabandistas de Villena, con quienes comparten espíritu festero y ganas de proyecto. Y el regreso coincide con un hito para el municipio: el reconocimiento de las fiestas de Moros y Cristianos de Paterna como Fiesta de Interés Turístico Autonómico, un impulso moral que refuerza el camino emprendido.
Pero, por encima de todo, esta refundación tiene un sentido íntimo. Ruth quiere sacar a su madre de la residencia para que vea el desfile; es un gesto de respeto a su historia y a la pasión que le transmitió. “Para mí es un sueño frustrado durante años, un lugar donde honrar a mi madre y hacerla disfrutar de lo que un día fue, y de lo que hoy soy por ella”, confiesa. En el grupo de WhatsApp, que es su “sitio de desahogo”, Ruth anima a diario a la tropa, coordina, escucha y recuerda el porqué de todo esto.
“Vamos a disfrutar como si fueran nuestras primeras fiestas”, repite. Y en esa frase cabe un pueblo, una familia y una comparsa que vuelve —esta vez para quedarse—.