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La Coma toma la palabra en una entrevista sobre identidad, convivencia y futuro

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El programa La Tarde en Paterna dedicó una de sus entrevistas más sociales y reflexivas a conocer la realidad del barrio de La Coma y del pueblo gitano de la mano de tres representantes del colectivo Kali Yag: Antonio Eduardo Rodríguez, Jaro Martínez y Emilio Salazar. A lo largo de la conversación, los invitados compartieron experiencias personales, reflexiones sobre la situación del barrio y el trabajo comunitario que desarrollan desde hace años desde dentro de La Coma.

Uno de los aspectos más destacados de la entrevista fue la reivindicación de una mirada diferente sobre el pueblo gitano y sobre el propio barrio. Antonio Eduardo Rodríguez recordó que muchas de las problemáticas actuales tienen raíces históricas relacionadas con la segregación y la exclusión social. “Cuando recorremos las zonas marginales vemos que los gitanos sufrimos una especial segregación”, explicó durante la conversación. Según señaló, el barrio nació en los años 80 en un contexto de realojo de familias procedentes de otros barrios vulnerables y sin una planificación suficiente de recursos. “Se crea un barrio aparte, con muy pocos recursos y aislando a la población”, afirmó.
La conversación también sirvió para desmontar algunos de los prejuicios que todavía pesan sobre La Coma. Emilio Salazar lamentó que muchas veces la imagen del barrio llegue únicamente a través de sucesos o comentarios negativos en redes sociales. “Se hablan barbaridades de nosotros que no tienen nada que ver con la realidad”, aseguró. En ese sentido, defendió que el pueblo gitano pueda participar activamente en los espacios de decisión y no solo como “órgano consultivo”. “Nadie conoce mejor al pueblo gitano que el propio pueblo gitano”, reivindicó.
Jaro Martínez, que prácticamente ha crecido toda su vida en el barrio, habló de la falta de oportunidades y servicios básicos que todavía afectan a muchas familias. “Necesitamos construir un barrio, porque aquello no es un barrio”, expresó de forma contundente. Entre otras cuestiones, puso sobre la mesa la ausencia de espacios adecuados para la convivencia, las dificultades relacionadas con la limpieza urbana o la falta de infraestructuras para la infancia y la juventud. “Los niños quieren salir a la calle y no hay nada para jugar”, lamentó.
Otro de los temas que generó más reflexión fue el educativo. Los representantes de Kali Yag defendieron la importancia de incorporar la identidad y la cultura gitana dentro de los procesos educativos para que los menores puedan sentirse parte del sistema desde pequeños. Desde el colectivo desarrollan actualmente programas socioeducativos y de acompañamiento con decenas de menores del barrio. “La educación es la piedra angular que mueve todas las cosas”, señaló Jaro Martínez al explicar el trabajo que realizan con niños y jóvenes desde la asociación.
Kali Yag, cuyo nombre significa “fuego gitano”, nació oficialmente como asociación en 2016, aunque sus integrantes aseguran que el trabajo comunitario viene de mucho antes. Desde entonces han impulsado proyectos locales e internacionales, intercambios juveniles y colaboraciones con entidades gitanas de otros países europeos. Antonio Eduardo Rodríguez explicó que una de las claves del colectivo es trabajar “desde dentro y desde nuestra propia perspectiva”, apostando por un movimiento que permita “seguir siendo gitanos y formar parte de la sociedad al mismo tiempo”.
La entrevista también dejó espacio para hablar sobre cuestiones concretas que afectan al barrio, como la falta de pediatría durante años o las dificultades relacionadas con vivienda y empleo. “Hay gente que tiene que pedir comida en la puerta de un supermercado”, llegó a señalar Emilio Salazar para reflejar la situación de vulnerabilidad que viven algunas familias. Pese a ello, los tres invitados coincidieron en lanzar un mensaje de diálogo y de construcción colectiva, apostando por abrir más espacios de participación y entendimiento.
Más allá de las reivindicaciones, la conversación en La Tarde en Paterna dejó una idea clara: detrás de las etiquetas y de los titulares rápidos existen historias, familias y personas que quieren formar parte activa de la sociedad sin renunciar a su identidad. Una realidad que el colectivo Kali Yag trata de visibilizar cada día desde el trabajo comunitario, la educación y la cultura.