Carlos Molero, joven actor valenciano y rostro emergente del cine español, recordó en 35 Milímetros cómo nació su vocación interpretativa. Desde niño imitaba escenas, memorizaba diálogos y se transformaba en personajes con una naturalidad que llamó la atención de su familia, que pronto lo apuntó a teatro. Allí descubrió un territorio de libertad creativa que le permitió comprender la interpretación como un juego serio y apasionante. Sus años de formación en academias de Valencia consolidaron ese impulso inicial y lo llevaron, sin preverlo, a su primer casting profesional.
Ese casting fue para Vaya Vacaciones, la comedia que acabaría convirtiéndose en la película española más taquillera de 2023. Molero contó entre risas cómo su energía teatral chocó con la precisión quirúrgica que exige una cámara: un gesto demasiado amplio, la mano moviéndose más de la cuenta o el ruido de una bolsa de pipas podían arruinar una toma. Aquel primer día, confiesa, fue casi traumático. Pero entre correcciones del director y el apoyo del equipo técnico aprendió a modularse ante la cámara. Además, compartió momentos inolvidables con intérpretes veteranos como Tito Valverde, de quien escuchó historias sobre rodajes míticos que él considera un aprendizaje impagable.
En la conversación, el actor reivindicó la importancia del teatro como base formativa para cualquier intérprete. Para Molero, quienes llegan al cine sin haber pasado por un escenario suelen arrastrar carencias técnicas: proyección, presencia, articulación, gestión emocional. Aun así, se mantiene realista: en la industria audiovisual, el talento no siempre se traduce en oportunidades, y la suerte juega un papel tan decisivo como la constancia. Su deseo es seguir creciendo, sea en cine, teatro o nuevos proyectos, sin perder de vista la fragilidad —y belleza— de esta profesión.
Molero conserva la experiencia de Vaya Vacaciones como la confirmación de que quiere dedicarse a esto. Para él, lo valioso no es solo el resultado final, sino el proceso: la camaradería en rodaje, el engranaje técnico que sostiene cada escena y la emoción de construir un personaje junto a otros. Afronta el futuro con humildad y entusiasmo, preparado para decir que sí cuando llegue la próxima oportunidad.