POR JORGE PÉREZ
En el Gerardo Salvador no se jugó solo un partido: se libró una batalla emocional. El Paterna CF y el Silla CF ofrecieron un espectáculo de los que dignifican el fútbol regional, un choque donde cada balón ardía y cada jugada parecía definitiva. El 3–2 final fue apenas la superficie de un encuentro que se vivió con el corazón en un puño y que ya forma parte de la memoria reciente del club gualdinegro.
El Paterna CF golpeó primero, decidido a mandar desde el primer instante. En el minuto 16, Yones culminó con un poderoso testarazo un centro medido del capitán David Espinosa, tras una falta lateral. Una acción impecable que desató la primera ovación de la tarde.
Pero el fútbol, siempre imprevisible, tardó solo dos minutos en equilibrar la balanza. Diego Nohales, con un remate de cabeza tan frío como preciso, aprovechó una contra bien trenzada y un centro tenso para batir a Damaso, que no pudo reaccionar. El 1–1 devolvió el silencio al feudo gualdinegro y encendió el partido definitivamente.
El duelo entró entonces en un terreno áspero, de fricciones constantes, de miradas tensas y piernas firmes. En ese contexto, Ghani emergió en el 34’ para empujar el balón a la red con la espinillera tras un córner caótico, un gol de esos que nadie sabe muy bien cómo acaban dentro, pero que valen oro. El Paterna CF recuperaba la ventaja y la afición respiraba, aunque el ambiente seguía cargado de electricidad.
La segunda parte comenzó con un mazazo para el Silla CF. Apenas habían pasado dos minutos cuando Toni firmó el 3–1 tras una serie de rechaces en el área pequeña. Defensas y portero repelieron los primeros disparos, pero el más listo de la clase cazó el balón sobre la línea para empujarlo a la red. Parecía el golpe definitivo. Pero los jugadores del conjunto sillense, lejos de rendirse, sacó orgullo.
Otra vez Nohales, el jugador más determinante del conjunto visitante, recortó distancias en el 55’. Un pase en largo descolocó a la defensa y a un Damaso que, pensando que la acción estaba invalidada por fuera de juego, dudó en la salida. El delantero remató a placer para firmar su doblete y devolver la incertidumbre al marcador.
El joven portero gualdinegro no tuvo su mejor tarde. En el 66’, tras tardar mas de la cuenta en sacar de puerta vio la primera amarilla. Minutos después, un error garrafal, tocó el balón con la mano fuera del área y vio la segunda. Expulsado. El Paterna CF se quedaba con diez y Sostres, portero del juvenil ‘B’, entraba a escena para defender la portería en el tramo más crítico del partido.
La tensión subió aún más cuando el colegiado, a instancias del asistente, detuvo el encuentro para pedir por megafonía el cese de los insultos procedentes de un sector de la grada local.
Los últimos minutos fueron un ejercicio de supervivencia para los locales. El equipo de Dani Castellanos apretó, creyó, empujó. Las faltas se sucedían, el tiempo se estiraba como un hilo a punto de romperse y cada balón dividido era una batalla. El encuentro se alargó hasta el minuto 105, entre interrupciones, protestas y un suspense insoportable.
Cuando el árbitro señaló el final, el grito que estalló en el Gerardo Salvador fue mezcla de alivio, orgullo y agotamiento emocional. Los jugadores celebraron el pase con su afición, encendiendo bengalas amarillas y negras que iluminaron la noche.
El Paterna CF ganó porque supo sufrir. El Silla cayó con la cabeza alta, dejando una imagen de enorme competitividad. Fue, sin duda, uno de los partidos más épicos de la historia reciente del Paterna CF que con uno menos se llevaron el triunfo. Una victoria que sabe a carácter, a corazón y a semifinales de La Nostra Copa. El sueño de la Copa un paso más cerca.