Cuatro paterneros nos cuentan cómo pasan la cuarentena lejos de nuestro pueblo

Cuatro paterneros nos cuentan cómo pasan la cuarentena lejos de nuestro pueblo

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El social distancing ha vuelto a las redes más sociales que nunca, pero los abrazos, las caricias y los besos todavía no pueden traspasar la pantalla. Para Constanza, Pepe, Inma y Nacho la distancia está todavía más marcada. Durante la cuarentena, no verán desde su ventana la Torre ni el Calvario, si no los pubs de Dublín, las calzadas de Wisconsin, los bosques de Baviera y la catedral de Siena. Paisajes que, como los de Paterna, se han quedado vacíos. Pasar la cuarentena lejos de los seres queridos es una experiencia difícil, pero han decidido “quedarse en casa”.
Constanza, Dublín (Irlanda) – Institutriz

CONSTANZA

Hace año y medio, Constanza Della Costa llegó a Dublín como au pair. La ciudad y la experiencia le gustaron tanto que se quedó como “institutriz”, una profesión muy extendida en Irlanda. Tiene veinticinco años y es pedagoga. Trabaja con una familia por la mañana y con otra por las tardes. Acompaña a los niños al colegio, van al parque, los lleva a las extraescolares… “Es un trabajo en el que estás bastante fuera de casa”, explica. Casi todos los desplazamientos los hace en transporte público. “Tenía una rutina muy cuadriculada y se me ha roto”, declara Constanza.
El jueves 12 de marzo cancelaron las clases en toda Irlanda y, desde entonces, está en casa: “Por las mañanas intento estudiar online, salgo a dar paseos o a hacer la compra”. En Irlanda no se ha decretado cuarentena, por lo que se puede ir por calles y parques respetando la distancia social. Aun así, la ciudad se ha ido vaciando progresivamente, sumiéndose en una cuarentena voluntaria. Ella misma ha decido quedarse en casa por responsabilidad, y admite que es lo más duro: “Aquí hace muy mal tiempo todo el año, y ahora que empieza el bueno toca quedarse en casa”, lamenta.
La semana que viene se trasladará a casa de una de las familias para las que trabaja. “Tengo suerte de tener este contrato, porque lo que percibía del otro lo pierdo”, señala. La situación económica para los jóvenes que trabajan en Irlanda no es muy alentadora. Constanza vive con cinco compañeras de piso, todas ellas extranjeras. La mayoría han perdido sus trabajos a causa del cierre del país. “Las cosas están realmente alteradas”, advierte la joven, que celebra la rapidez del gobierno irlandés para movilizar ayudas económicas.
“Yo estaba muy tranquila hasta que empezó a ponerse peor en España, y de repente un día aquí cancelaron las clases de una hora a otra”, narra Constanza. Cree que Irlanda ha actuado más rápido que otros gobiernos europeos. “Antes de que se postpusiesen la Fallas, aquí ya se había cancelado el desfile de San Patricio”, recuerda. Irlanda apenas supera los 1.300 casos confirmados por el momento. A pesar de ello, el gobierno insta a que todo el mundo se quede en casa. “Creo que están teniendo mucha cautela para no poner nerviosa a la población”, opina la joven.
 En esta cuarentena, echa de menos el humor. “No hay tantas iniciativas divertidas como en España, es más aburrido”, lamenta, pero no ha pensado en volver. La posibilidad de seguir saliendo a la calle y la situación estable de Irlanda con el virus hace que se sienta más segura en Dublín. La única preocupación que tiene es a nivel sanitario, porque la asistencia médica es privada y no cree que los centros de salud estén “tan bien equipados como están en España”.
“Es un enemigo invisible, no podemos revolucionarnos contra él, ni manifestarnos, lo único que podemos hacer es quedarnos en casa y tener paciencia”, afirma Constanza. Ella aprovecha la cuarentena para hablar más a menudo con su familia. Tiene claro que esto pasará y desea que esas conexiones sigan siendo igual de frecuentes cuando recuperemos la normalidad.
Pepe Esteso, Racine (Wisconsin, Estados Unidos) – Maestro

PEPEESTESO

Pepe Esteso tiene veintinueve años y es maestro en el colegio La Salle de Paterna. Hace ocho meses se trasladó a la escuela John XXIII, en Racine, Wisconsin, dentro del programa Lasallians Volunteers, una iniciativa para colaborar en centros educativos de Norte América. Es el único español que participa en el programa. Acude a diferentes colegios públicos de la zona para dar clase u ofrecer sesiones de orientación y visita a familias. Por las tardes permanece en su centro educativo, donde reciben alrededor de 100 alumnos todos los días para hacer deberes y compartir tiempo de ocio.
El centro es también su casa, en la que convive con otros voluntarios y con un hermano de La Salle. Ahora mismo, solo él y el religioso permanecen allí. Cuando sus tíos, que están en la horquilla de riesgo, le comunicaron que habían decidido quedarse en casa por recomendación de familiares sanitarios y sus compañeros de Paterna le informaron del cierre de los colegios “empecé a preocuparme, porque lo de China, hasta ahora, no sonaba a realidad”, confiesa Pepe.
El viernes pasado estaba en Chicago cuando decretaron la alerta en el estado de Illinois, y volvió rápidamente a Racine: “decidí quedarme en casa sin salir”. En el estado de Wisconsin, la cuarentena empezó el lunes 23. “Al principio cerraron los colegios, pero había movimiento, ahora se nota”, afirma Pepe mientras comprueba por la ventana cómo ha disminuido el número de coches aparcados en unas aceras acostumbradas al tráfico.
En cuarentena, las clases y las reuniones son telemáticas. Han establecido horas de deberes y horas sociales, para charlar y hacer dinámicas. “Los alumnos echan de menos la parte social del colegio”, afirma Pepe. “Aquí es muy común trabajar con estas plataformas, sobre todo en colegios privados. Las redes no se caen y todo funciona perfectamente”, explica el profesor, aludiendo a los problemas que han experimentado las plataformas educativas en línea estos días en España. Vivir en el colegio el permite acceder al gimnasio para seguir haciendo deporte, y en los ratos de ocio ve series y películas.
En Estados Unidos hay más de 44.000 casos confirmados, y en Wisconsin alrededor de 500. Pepe percibe que la prioridad en EEUU es reforzar la sanidad ante la crisis del Covid-19, ya que gran parte de la población no tiene acceso a seguro médico. Es lo que más le preocupa, sobre todo después de leer el caso de una mujer cuya factura por el tratamiento ascendía a 35.000$. “Solo es gratuito el test y los hospitales son muy básicos. Están preparados a nivel detección, pero no para curar”, advierte. Sin embargo, recalca que se han reducido las tasas y que se reparten 4 millones de comidas gratis en las escuelas públicas. “Las empresas de telecomunicaciones están abasteciendo de manera gratuita a los colegios. Los americanos son más dados a hacer donaciones”, celebra el maestro. Aún así lamenta que “están muy confiados, lo ven como un problema de Europa”.
Asegura que lo más difícil es estar lejos de su familia y el miedo a verse solo ante una emergencia. “Hablé con la embajada y la prioridad era repatriar a los turistas, porque los que trabajamos aquí tenemos estabilidad”, explica. Recalca el trabajo de la embajada en tranquilizar e informar a los residentes. Tampoco quería asumir el riesgo que suponían las escalas en varios aeropuertos. “Me exponía más y además quería seguir ayudando en el colegio”, afirma Pepe Esteso.
Tiene esperanzas en que la situación mejorará pronto. Después de ver todas las iniciativas vecinales que se están llevando a cabo en nuestro país, le gustaría que esta implicación siguiera más allá de la cuarentena: “Estoy seguro de que de esto tenemos que sacar un mensaje positivo, y tenemos que darnos cuenta de que somos capaces de unirnos todos los españoles y seguir adelante”, pide el maestro.
Inma Baena, Augsburgo (Alemania) – Ingeniera

INMABAENA

En Augsburgo (Alemania) vive Inma Baena, ingeniera de veintiocho años que se trasladó allí hace dos. Trabaja en una empresa de construcción. Ficha a las 8:00. Después de reuniones con compañeros y llamadas a clientes, a las 17:00 sale de la oficina para ir al gimnasio, hacer la compra y probar restaurantes nuevos con sus amigos. Los fines de semana aprovecha para seguir conociendo el país que la acoge. En invierno, cuando las temperaturas en su zona difícilmente suben de los 4ºC, utiliza el tranvía. A las puertas de la primera, Inma tenía preparada la bici, pero se quedará en el garaje hasta nuevo aviso.
“Es muy frustrante”, lamenta Inma, que tiene que disfrutar de los primeros rayos de sol primaverales desde su ventana. Vive sola, pero tiene contacto con sus vecinos y charla con ellos. Lleva 15 días de confinamiento voluntario, porque en Baviera, el estado alemán donde vive, las medidas comenzaron hace una semana. “Es simplemente quedarse en casa para trabajar y minimizar la vida social, pero podemos salir a hacer deporte, andar o correr siempre que vayamos solos o con las personas que vivamos”, explica.
Las cifras de Alemania son de las más, ya que su tasa de mortalidad es mucho más baja que en países como Italia o España. Actualmente, ha superado los 42.000 positivos. “He leído muchas teorías, pero desconozco porqué las cifras están así”, afirma Inma, “dicen que hacen más test, pero tengo un amigo que presentó síntomas la semana pasada y no pudo contactar con el teléfono de atención”. “Creo que no aprendemos y cometemos los mismos errores que otros países, me da impotencia que no se pongan medidas más duras aquí, porque tengo la sensación de que puede subir mucho el número de fallecidos y contagiados”, advierte.
Y esos errores se trasladan también al supermercado. “La locura del papel higiénico también pasó”, confirma entre risas. Aunque los primeros días se notaba la falta de algunos productos de primera necesidad, ahora vuelve a encontrar las estanterías abastecidas y parece que la situación se ha normalizado. “En algunos supermercados han limitado la compra de productos básicos”, afirma. Las calles también presentan un aspecto normal, con gente paseando o con la bici, aunque sí que se nota el social distancing en los bancos o en las paradas del transporte público. “He visto cosas que no me han gustado, cuando se cerraron los restaurantes la gente quería aprovechar el último día al máximo”, siente Inma.
Su familia iba a ir a visitarle en abril, y reconoce que lo más difícil es “no saber cuándo los vas a volver a ver”. No ha pensado en volver en ningún momento, allí se siente “sana y salva” y el hecho de que su familia siga las recomendaciones de las autoridades la tranquiliza. Las videollamadas son diarias ahora que todos pasan más tiempo en casa, y recuerda a los suyos que se toma en serio las medidas de seguridad. Está en contacto con otros españoles afincados allí. Muchos de ellos han formado plataformas de ayuda a través de redes sociales. “La situación es rara, piensas que estas lejos, pero estamos todos igual, no hay diferencia entre estar aquí o allí”, reflexiona.
Ha retrasado el despertador un poco esta cuarentena, porque la oficina se ha trasladado al salón. “He limpiado toda la casa de arriba abajo y, como tengo la nevera llena, cocino bastante”, afirma. A mediodía baja a tomar el sol y disfruta de películas y series. “Lo que si que intento hacer es más ejercicio”, explica Inma. Entre tantas actividades no ha tenido tiempo de aburrirse y le queda pendiente un reto que se propuso cuando empezó la cuarentena: estudiar francés.
Nacho Muñoz, Siena (Italia) – Estudiante Erasmus

NACHOMUNOZ

Si algo tiene claro Nacho Muñoz es que su Erasmus será muy recordado. Este estudiante de Economía llegó a Siena hace poco más de un mes, el 18 de febrero, cuando el Covid-19 apenas empezaba a asomarse por Europa. ” No nos dieron ninguna recomendación especial porque parecía muy lejano”, asegura Muñoz. Se organizó para llegar con tiempo de aclarar toda la burocracia del Erasmus y acomodarse en su nuevo piso, pero aún tiene cosas pendientes que se han paralizado por la cuarentena, como el contrato de estudios, aunque, por suerte, asegura que “nos dio tiempo a salir y a conocer gente”.
Tiene veintiún años, y celebrará la llegada a los veintidós la semana que viene, en cuarentena. “Pensaremos algo con mis compañeros de piso, pero tampoco suelo celebrarlo mucho de normal”, bromea. Vive con otros dos estudiantes españoles: una chica de Castellar del Vallés (Barcelona) y un amigo de la carrera: “Carlos – su compañero – y yo somos muy amigos y con la chica que vive con nosotros nos llevamos muy bien”. Con la cuarentena han reforzado lazos y se animan mutuamente. Como a muchos, el aislamiento también les ha agudizado el ingenio: “El otro día hicimos un parchís con una caja de cartón que teníamos para tirar. Nos entretuvimos haciéndolo y jugando”, nos cuenta Nacho.
Otros Erasmus españoles han decidido volver a casa, él calcula que quedarán en Siena algo más de treinta estudiantes españoles. “Ante la falta de controles en los aeropuertos pensé que lo más inteligente era quedarse”, explica el joven. El contacto con su familia ha aumentado estos últimos días, y agradece esos momentos virtuales. Su hermano mayor es médico y le insiste en la importancia de mantener el metro y medio de distancia y la higiene de manos. Desde la Universidad de Valencia le han garantizado que la beca continua hasta final de curso.
Italia es, por el momento, el país con más casos confirmados de Covid-19 en Europa. Su cuarentena empezó oficialmente el día 10 de marzo, cinco días antes que en España. “Los primeros días eran un poco difusos, porque no sabíamos qué cosas podíamos hacer y qué cosas no” explica el estudiante. “Hemos pasado por las mismas etapas. Al principio confías que esto va a acabarse rápido, como otras pandemias como la Gripe A”, explica.  Durante la primera semana de cierre de las universidades, él y sus compañeros aprovecharon para salir por la noche y disfrutar del ambiente de tranquilidad que aún se respiraba en las calles de Siena. “Ahora piensas que podrías haber sido más responsable y que deberías haber aprovechado para quedarte en casa”, siente el joven. También reconoce la unidad del pueblo italiano frente a la crisis. “En Siena la fiesta local es El Palio, una carrera de caballos en la plaza. El ganador canta una canción, y es la que ahora cantan todos los vecinos desde sus balcones para animarse”, cuenta Nacho.
Siena le gusta muchísimo, aunque le cuesta encontrar fotos de estos días en la ciudad porque, como indica, “tenía claro que no venía como turista, y esto nos ha pillado por sorpresa”. Para él lo más difícil es la falta de libertad y la distancia social: “Cuando sales a la calle y te cruzas con un conocido, solo puedes saludarle de lejos y poco más”, lamenta. Espera poder seguir explorando Siena más a fondo después del encierro. Consciente de que la vuelta a la normalidad será paulatina, ya planea barbacoas cuando puedan regresar todos sus compañeros. Mientras tanto, puede que aproveche esta cuarentena para mejorar su nivel de italiano, que reconoce que todavía está “un poco verde”.

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