Carlos Ponce durante la inauguración de la exposición | VICENTE ALARCÓN
El artista paternero Carlos Ponce ha inaugurado su nueva exposición Agua y Fuego, una muestra que recoge su forma más íntima y visceral de entender la abstracción. Ante el público asistente, el autor agradeció la presencia de quienes se acercaron a descubrir unas obras que, asegura, “nacen de la pasión, la espiritualidad y la libertad absoluta”.
La propuesta de Ponce parte de un concepto fundamental: pintar dejando que el pincel decida. “Es él quien guía mi mano”, explica. En esta serie, el creador profundiza en sus emociones más esenciales y en elementos que forman parte de su identidad: la pólvora, el Passacarrer y la Cordà, referentes constantes en su imaginario.
Uno de los rasgos más llamativos de la exposición es el empleo de materiales poco convencionales. El artista utiliza cuerdas, arena de playa, tierra, virutas, cuero, plásticos y cartón para dar forma y textura a cada pieza. “Cualquier cosa es válida si ayuda a que el cuadro palpite”, señala. Estas texturas, cargadas de intención, buscan transmitir la fuerza interna de cada trazo y la vibración emocional que sostiene la serie.
Las cuerdas, presentes en la mayoría de las obras, ocupan un lugar simbólico destacado. Para Ponce representan la tensión y la libertad, un reflejo directo de su personalidad: “Por un lado, un mundo lleno de reglas; y por otro, mi parte creativa y pasional, donde doy rienda suelta a mi locura. El arte es mi válvula de escape”.
La exposición, que invita al público a interpretar libremente cada pieza, se convierte en un viaje sensorial y espiritual. El autor anima a los visitantes a preguntar, a buscar la historia detrás de cada obra y a dejarse llevar por la energía que las compone.